lunes, 15 de mayo de 2017

La valiente misión tras el fuego amigo


La valiente misión tras el fuego amigo

El suboficial principal de la Fuerza Aérea Pedro Prudencio Miranda salvó a decenas de compatriotas al desactivar bombas de aviones argentinos arrojadas por error a un buque de bandera nacional.

El 2 de mayo de 1982, las noticias de Malvinas corrían rápido. La más importante, y quizá la más dolorosa para nuestro país, era el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano, con la pérdida de 323 hombres.

Sin embargo, un día antes había sido el bautismo de la Fuerza Aérea Argentina (FAA), que reaccionó por primera vez en batalla al ataque inglés contra Puerto Argentino. Eran momentos donde ambos bandos combatían con ferocidad, pero que traía buenas nuevas para tierras pampeanas: el rotativo de las 5.30 de la mañana informaba que nuestros Infantes de Marina habían tomado posesión de la isla Soledad.

Esa valiosa acción se vio opacada, empero, por uno de los primeros casos de "fuego amigo" entre las tropas nacionales, ya que el buque mercante de la Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA) Formosa, que transportaba suministros a las islas, fue bombardeado accidentalmente por una escuadrilla de aviones A-4B de la FAA. De las 4 bombas que le tiraron, dos cayeron al agua, una tercera también, previo rebote en el guincho de carga, pero la cuarta hizo blanco, depositándose en la bodega y aún sin explotar.

Debido al peligro de seguir navegando con una bomba en su interior, se le ordena al entonces suboficial auxiliar de la FAA Pedro Prudencio Miranda designar un especialista para desactivarla, pero decide emprender él mismo el riesgoso trabajo. Sus armas eran un destornillador, una linterna que sostenía con la boca, pinzas y pocas herramientas más. Todo en una bodega a oscuras. Y solo.

Treinta y cinco años después, en diálogo con La Prensa, Miranda recuerda: "Después de ordenar la evacuación del buque, comencé retirando trocitos por trocitos de cada parte de la espoleta. Trabajé con aparente serenidad pero con temor, mirando de ratos la foto de mis hijos y pensando: "me parece que ellos me piden calma". El tiempo parecía interminable, y encima a pesar de la baja temperatura estaba mojado de transpiración fría. En varias oportunidades tuve que parar y tranquilizarme, hasta que por fin la bomba quedó inactiva".

Esa acción, junto al heroico salvataje de todos los aviones y pilotos que se encontraban en la pista de Río Grande, desactivando 4 bombas de un A-4Q Skyhawk de la Aviación Naval que se había accidentado, quedó registrada en la memoria colectiva como uno de los grandes hitos de nuestras tropas por su heroico valor en combate.

-Miranda, su actuación en Malvinas fue una de las más valientes de la guerra, lo que le valió la condecoración más alta entregada por el país. ¿Cómo se sintió al haber salvado vidas?

-Yo no estoy seguro de que mi actuación haya sido una de las más valientes, pero sí fueron momentos en los que muchos estábamos en grave peligro. Salvar la vida de mis compatriotas era salvar también la mía. En ese momento sólo sentí que tenía que cumplir una tarea.

-¿Puede rescatar algún gesto o acción de la contienda de lo que pueda sentirse orgulloso?

-Es muy cierto, por más justa que sea una guerra, es una calamidad que hace sufrir al ser humano. Lo que quizá noté como más rescatable fue cómo en una situación de riesgo inminente a perder la vida te hermanás con tus compañeros. Eso hace que todos demos lo mejor para preservar la vida del conjunto. Uno no se puede sentir orgulloso de haber estado en una guerra, pero sí que estuviste defendiendo a tu patria.

-¿Cómo ve a la Fuerza Aérea Argentina? La baja de los Mirage ha sido un duro golpe para la defensa del territorio nacional.

-Hoy la FAA está carente de corazón, porque el corazón son los aviones, son la razón de su existencia. La desprogramación del sistema Mirage fue durísima para todo el personal, pero sin lugar a dudas que lo que más se sufre es la desprotección en la que queda nuestro cielo, ya que desde el conflicto la Argentina fue perdiendo su capacidad operativa constantemente. Si bien se compraron los A-4R a finales de los "90, estos estuvieron muy lejos de equiparar los aviones perdidos en la guerra. Además, hubo falta de mantenimiento y una canibalización de los aviones fuera de servicio para completar otros, con lo que cual repercutió en muy pocas horas de vuelo para los pilotos. Los Mirage eran muy importantes para el país, tanto por su capacidad interceptora como de ataque, y por eso es clave comprar aviones que estén a su altura o superiores. Es inútil tener pilotos y mecánicos capacitados si no hay aviones.

-¿Cree que ahora la sociedad está reconociendo a los veteranos de guerra?

-Estoy convencido de que la causa Malvinas está pegando fuerte en nuestro pueblo, y eso hace que se hable mucho más del veterano. En lo personal, yo me siento en deuda, ya que no pudimos, a pesar de todo el esfuerzo y la sangre derramada, mantener la soberanía y que nuestra bandera flamee en las islas.

No tengo nada que reprocharle a la sociedad. Todo lo contrario, si bien sé que combatimos contra una de las grandes potencias del mundo y apoyada por Estados Unidos, a la gente se le metió en la cabeza que estábamos ganando la guerra y el final decepcionó a todos, incluso a muchos de nosotros. Creo en tal sentido que quien sabe que dio lo mejor que pudo para el cumplimiento del deber, el mejor reconocimiento proviene de la tranquilidad de uno mismo.

La Prensa

No hay comentarios. :

Publicar un comentario

Otros sitios interesantes